La gestión cultural. Entre la administración, la logística y la construcción de nuevas realidades.
El enfoque de la gestión cultural desde una perspectiva en la que se entiende su trascendencia en el desarrollo de la vida social, es una visión que se ha ampliado y diversificado a lo largo de las últimas décadas gracias a las aportaciones teóricas y prácticas de especialistas que, desde sus diversos campos de experiencia, han contribuido en la construcción de planteamientos para su estudio. La multiplicidad de enfoques en torno al significado, las implicaciones y el análisis de la gestión cultural, han permitido ampliar las perspectivas de su comprensión, donde los puntos de encuentro están constituidos por las reflexiones sobre sus campos de acción, sus modelos y metodologías de trabajo, sus implicaciones en el desarrollo social-económico-político y la creciente necesidad de esquemas de capacitación, profesionalización y actualización de los gestores culturales..
A partir de la última década del siglo pasado, el ejercicio de los gestores culturales es un tema que se aborda como un asunto imperativo en el desarrollo de las sociedades, aunque bien es cierto que previo a las reflexiones acerca de la gestión cultural, históricamente han existido organizaciones y personas dedicadas a los quehaceres relacionados con la transmisión y difusión de los valores culturales propios de sus contextos.
Lo anterior nos permite pensar que, la gestión cultural se constituye como una práctica profesional especializada en la generación de intervenciones de orden cultural y social, cuyos modelos de trabajo se soportan en una metodología multidisciplinar orientada a la planeación, diseño, organización y desarrollo de un conjunto de acciones que tienen como destino garantizar el ejercicio de los derechos culturales de las personas. Este enfoque coloca a la gestión cultural como un campo de conocimiento y como un espacio de acción frente a los retos, propuestas y demandas para el desarrollo cultural y social de los habitantes de un territorio. Desde aquí, la gestión cultural implica procesos multidisciplinares de investigación, análisis y comprensión de los contextos específicos y el planteamiento de posibilidades para transformar problemáticas y/o atender las propuestas para el desarrollo cultural. En tanto, desde la práctica, sucede la materialización y concreción de los procesos llevados a cabo en el campo de conocimiento.
En este marco, es necesario abordar el ejercicio de la gestión cultural como una práctica que sucede en un campo en el que se relacionan y articulan las políticas culturales, las funciones del gestor cultural y el desarrollo de los procesos culturales de los diversos grupos que habitan un territorio
La gestión cultural es un campo de acción profesional especializado en la generación de intervenciones de orden cultural y social, cuyos modelos de trabajo se soportan en una metodología multidisciplinar orientada a la planeación estratégica, diseño, organización y desarrollo de un conjunto de acciones de las políticas culturales que tienen como destino garantizar el ejercicio de los derechos culturales de las personas.
En este contexto, el ejercicio de la gestión cultural sustenta sus prácticas en modelos de trabajo participativos orientados provocar procesos de desarrollo cultural que resulten significativos para las comunidades, marcados por su incidencia en el desarrollo social, la economía sostenible, las relaciones humanas equitativas, la libertad creativa y el derecho inalienable de poseer y ser parte de los entornos culturales tangibles e intangibles a partir de los cuales se construye la identidad de las personas y las comunidades.
Sujeto a esa noción de la gestión cultural y a los principios que la sustentan, el gestor cultural tiene como principal consigna la de provocar y ser parte de la construcción y articulación mecanismos y estrategias que faciliten el desarrollo y crecimiento integral, social, creativo, económico y humano.
Más allá de las perspectivas académicas y las reflexiones teóricas, el oficio de la gestión cultural nos demanda capacidades de empatía, solidaridad y compañerismo que resultan esenciales en la co-construcción de puentes por los que transitamos hacia realidades deseadas. Somos los articuladores, acompañantes, consejeros y, especialmente, quienes aplicamos de manera creativa nuestros conocimientos para transformar anhelos en posibilidades reales.